JESÚS DEL VALHALLA: El despertar

Avance en exclusiva del primer capítulo de la novela.
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Estas a punto de leer una reproducción íntegra del primer capítulo de JESÚS DEL VALHALLA (ISBN 979-8463758071), exactamente como aparece en ella. Todos los derechos reservados.

Tiempo de lectura: 3-6 min

En el suelo, aturdido, mareado, con un sabor amargo en la boca, un fuerte dolor en el costado y un profundo dolor de cabeza. Mis ojos cerrados aún, arden y necesitan saber qué ha pasado. Al abrirlos, una luz cegadora me impide ver dónde estoy.

Cuando mis ojos se acostumbran a dicha luz, percibo una silueta al fondo. Todo está nebuloso. Esa silueta se acerca hacia mí.

Mis oídos detectan un ruido que no sabría deducir lo que dice, pero sí de dónde proviene.

Intento recostarme sobre algo que parece un trozo de leño llevándome la mano hacia la cabeza, en la que aún el dolor perdura. Mis manos tocan un fluido el cual resbala por mi cabello.

– ¡Sangre, es sangre!

Se escucha una voz grave proveniente de la silueta la cual se halla apenas a dos metros. Su voz resuena en un espacio abierto donde también oigo agua, agua corriente.

– Estoy… Estoy…

– Exacto. -Dice la voz.-

Me atrevo a mirar hacia arriba y lo veo. Es él, mi padre Odín.

– Exacto hijo mío, estás en el Valhalla. ¿Esperabas que te dejase salirte con la tuya? -Una sonrisa de satisfacción le inunda el rostro.- ¿Lo ves Loki? Hijo mío, no eres nadie, hasta un simple humano puede contigo y todo lo que has luchado para nada. Al fin te tengo donde siempre quise que estuvieras.

Esas pequeñas gotas proveniente de los ojos por la tristeza se mezclan en mis mejillas con el sudor y la sangre que aún me brota por todos los sitios por donde me miro de mi cuerpo y cabeza.

Observo fijamente la gran figura del Dios de dioses, su único ojo azul como el cielo en un día de verano; su barba pelirroja, larga y bien peinada le cuelga en el pecho con una trenza, su casco vikingo brilla en la oscuridad de ese lago, tanto o más que su misma armadura.

– El barco te espera, pero tendrás que saber si estás preparado para ser quien eres, saber si el castigo te ha servido para tener el honor de ser el hijo de un Dios. Creo que después de todo luchastes como lo que eres un vikingo.

Un dulce olor golpea mi rostro. La sensación que percibe mi olfato es una mezcla de hierba y arena mojada que flota por el aire. La paz me inunda cuando unos fuertes brazos me agarran. No hay dolor ni recuerdos que me perturben, solo la extraña sensación de paz.

Ya en el barco recobro toda la cordura que necesito para tener una buena conversación con quien me castigó:

– Padre, ya no soy el que conocéis. No sé entrar en las cabezas ajenas como antaño y solo sé que quiero ser una nueva persona.

– Lo sé hijo, este castigo te ha servido no únicamente para ser un nuevo hombre, sino también te ayudó para ser un gran Dios en la eternidad.

– ¿Dios? Después de todo, ¿lo seguiré siendo?

– Tu gran poder era el engaño, la confusión y la perturbación. A partir de ahora tendrás que decidir qué poder tendrá el nuevo Dios. Si escuchastes bien, digo Dios.

– Quiero vivir en paz, quiero no hacer el mal y tengo la necesidad de ayudar al prójimo, mi vida cambió y no deseo hacer el mal de nuevo.

– Se ve que allí en el mundo de los que mueren, te borraron tu identidad aunque el primer culpable de eso fui yo mismo. Tú eres nórdico hijo, eres vikingo y necesitas ser temido por las demás religiones para terminar justo donde estás, para terminar bebiendo y comiendo toda tu eternidad.

– No padre, quiero que me recuerden por ser alguien que realiza el bien. Necesito quererte padre, al prójimo y a mí mismo.

– Creo Loki que el castigo te sobrepasó. Necesitas ver a los tuyos y saber quién eres, necesitas sentir el calor que solo te puede dar la sangre nórdica.

Al fondo de ese gran lago, unas luces centellean como un candil ardiendo. Se escucha un bullicio que cada vez se hace más ensordecedor, como si de una esta se tratase. Varios vikingos que pude observar, están bebiendo y gritan sobre una batalla que habrían ganado supongo. Los cuernos llenos de hidromiel golpean entre ellos, mucha comida y demasiada bebida corren por las gargantas de esos nórdicos.

– ¡Mirad, por ahí viene Odín! ¡Nuestro gran Dios! -se escucha cuando nos encontramos a menos de diez metros-.

Todos los allí presentes se abalanzan hacia el puerto hecho de madera, demasiado re nado hasta para mí. Un puente de las mejores maderas que hubieran existido en cualquier mundo existente, y para terminar el gran trabajo juraría decir que la labraron las mejores manos que pueda hacerlo, dichas maderas tan estratégicamente colocadas sobresalen unos cinco metros de la orilla, las cuerdas muy nuevas y puestas fundamentalmente para buscar lo que consiguieron, la perfección. Los pósteres de madera donde esas cuerdas eran agarradas están tallados a mano con los símbolos nórdicos más conocidos.

– Felicidades hijo mío, estás en el Valhalla. Comerás, beberás y pelearás toda la eternidad, serás feliz y estarás con los tuyos. -Me agarra el brazo con vehemencia y se acercó a mi oído y me repite:- Loki estarás con los tuyos toda la eternidad.

Miro al gran Dios y hijo mi mirada a su ojo azul. Es el momento de decir las palabras claves para hacer todo lo que debo:

– Pero padre, todos los míos no solo están en este lugar, también los encontré en otro lado. Sentí el amor verdadero, sentí lo que jamás hubiera logrado sentir aquí y no padre, no quiero estar aquí…

La mirada de Odín, la de su ojo derecho, el único visible, noto como algo amargo le perturba.

Su boca se abre, pero no pronuncia ningún sonido. Mira hacia el Valhalla, pero niega con la cabeza y dice:

– No, no eres bien recibido aquí. -Y con un giro de timón pone el barco de espalda del refinado puerto.- Necesitas mucho más para ser lo que crees que eres. ¿Quiénes son los tuyos Loki? Los tuyos somos nosotros y calla esa miserable boca antes que te suelte en medio del lago. Serás la cena de estos nórdicos…

– No puedo sellar mis labios allá donde he abierto mi corazón.

Horas en el barco con un rumbo que solo Odín sabría decir. El tiempo cada vez más inestable, lluvias y frío nos golpean, ni tan siquiera sabía decir si Odín sabría llegar sin golpear el navío, ya que aparte de viento y agua no se perciben los límites de este lago.

El barco disminuye su velocidad, un ruido me hace saber que el barco golpea con las piedras del fondo de ese lago y al fin se detiene.

Frío, demasiado frío; el suelo con escarcha se mezcla con el barro de la orilla. El paisaje es una gran llanura con poca vegetación y la que aún está en pie, estaba muerta de la helada.

Al fondo, una pequeña cabaña, apagada, llena de nieve, con un camino por el cual no había pasado nadie durante años.

– Aquí es donde bajarás Loki…

Créditos de las imágenes
  • JESÚS DEL VALHALLA: El despertar | Awenyr | CC BY 4.0

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