¿Distopía o realidad?

El autor Santiago González Torrejón inicia su sección sobre ciencia-ficción con un ensayo sobre los conceptos de distopía y realidad y la relación entre ellos
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Santi G. Torrejón

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Distopía

No hace mucho me preguntaron ¿Escribes? ¿Qué género? Respondí: “ciencia-ficción”, a sabiendas que es un género poco popular. La gente suele pensar en naves espaciales y extraterrestres. Pero mis novelas solo tienen personas como tú y yo que, bajo un prisma distinto, viven historias alternativas que pueden llamarse distopías.

Ya está ocurriendo

El ejemplo más evidente es mi novela El sueño de Gark, una historia que narra el control de la sociedad ejercido por las redes sociales y los buscadores. La persona que se interesó dijo: “Ah, pero eso no es una distopía, eso ya está pasando”.

De eso se trata: Si hemos digerido la distopía entonces se convierte en realidad. La que hoy planeo aquí aún no se ha consumado.

Si hemos digerido la distopía entonces se convierte en realidad

Ninguna revolución se ganó en dos semanas. Cualquier movimiento que busque un cambio social o de sistema ha de fraguarse en un constante proceso de modificación de principios. Lo hemos visto a través de la historia, no es nada nuevo desde Roma hasta nuestros días.

Convencimiento colectivo

El hombre es un animal gregario que puede transitar hacia cualquier destino siempre que se le indique el camino. Para ello es necesario el convencimiento colectivo. Ejemplos absurdos y destructores tenemos muchos, aunque tal vez el más cercano sea el de la segunda guerra mundial provocado por el pueblo alemán.

Hoy, sesenta años más tarde, todos tenemos en mente a Hitler como responsable de aquel genocidio.

Me pregunto si los millones de alemanes que lucharon en la conquista del mundo no tendrán responsabilidad de todas las muertes.

Me pregunto si todo el que sujetaba un fusil, pilotaba un avión o conducía un tanque alemán era un fascista de grandes principios forjados desde la infancia. Imagino que no.

Pero el ser humano asume el riesgo si es común a su especie.

Proyecto común

Un verdadero líder sabe que nuestro componente genético es de base sentimental. Los profundos conceptos se diluyen bajo nuestra piel hasta el corazón. Si el discurso está bien estructurado y las palabras son poderosas. Si con ellas conseguimos enarbolar los grandes valores que todo ciudadano quiere tomar. Entonces todo será más fácil.
Honor libertad, raza, patria, amor; son principios que nadie quiere dejar pasar en una vida tan pasajera como la nuestra. Todos queremos formar parte de grandes proyectos colectivos.

  • ¿Quién no quiere formar parte de un gran movimiento social en favor del progreso?
  • ¿Quién no asume los riesgos si todo un país se encamina en la misma dirección?
  • ¿Cuántos ciudadanos alemanes no empuñaban el fusil con este convencimiento?

Nunca lo sabremos, puesto que las minorías no existen; son aplastadas por el propio sistema.

Lo que Orwell sabía

Después de la segunda guerra mundial, Orwell escribió la novela 1984, un claro aviso al control que ejercen los sistemas totalitarios en la sociedad. Y antes, en 1939, publicó Subir a por aire, obra premonitoria de lo que se avecinaba. Para él era evidente: todo indicaba una deriva fatal.

Las novelas de Orwell no tuvieron una gran repercusión inicialmente. Supongo que en 1949 (cuando salió a la luz 1984) el mundo curaba sus heridas, las gentes regresaban a los hogares, reconstruían sus casas. El objetivo principal era subsistir.

El ser humano olvida

Podemos atender una buena lectura con el estómago lleno, en el calor de nuestro hogar; apreciamos los mensajes de estas grandes novelas una vez superemos las miserias que nos llevaron por aquellos caminos, incluso las valoraremos con mayor fervor si no fuimos partícipes de dichas contiendas.

Y después, el tiempo transcurre, la herida se cura, todo se borra y los hechos quedan registrados en los libros para algún programa educativo.

El ser humano olvida para seguir viviendo en esa felicidad acomodaticia que es el injerto, la semilla de la próxima batalla. Cuando el progreso no es suficiente y la sociedad del bienestar se alcanza, el mundo comienza a aburrirse.

Realidad distópica

En 1949 Orwell hablaba de la policía del pensamiento o del ministerio de la verdad y era plausible pues la humanidad lo había vivido unos años antes, aquella novela era una realidad llevada a la ficción con elementos como Gran hermano, ese ojo que todo lo ve y que todo controla para modificar nuestras voluntades, para cambiar nuestra historia, lo que nos lleva finalmente a una novela distópica.

 

Hoy en día, nos encontramos ante las mismas premisas: el ser humano controlado por el ser humano. Las masas obedeciendo ante un dictado. El control de la sociedad para el progreso. Las banderas, los tanques y los soldados ya no son los personajes principales. Los sentimientos, sí. El hombre siempre conquistó mares, continentes y galaxias bajo esas premisas. Solo la valentía bajo unos profundos sentimientos fueron capaces de hacer progresar a nuestra humanidad.

Un nuevo dios

En 2021 la sociedad no se mueve tras una bandera, y en Europa cada vez hay más países.
Un movimiento que sea capaz de conquistar el mundo ha de ser común a todos sus habitantes. Hoy en día casi no existen dictaduras basadas en la lucha de clases, en el mundo obrero, o en valores fundamentados con el orgullo o el valor. El único dios es el capital, el dinero.

Desde este punto podremos conquistar a la humanidad, someterla. Subyugar una sociedad sin valores desde un sentimiento común: el miedo.

Un asunto mundial

Fue de esta manera como la crisis del coronavirus se convirtió en la gran oportunidad para que los gobiernos tuvieran el poder que estaban perdiendo ante sociedades cada vez más disgregadas. Ninguna bandera, ningún valor fundamentado en los antiguos preceptos iba a someter al pueblo del siglo XXI. Sin embargo el miedo, la supervivencia ante una pandemia, sí.

En todas las guerras hay víctimas, son absolutamente necesarias

En todas las guerras hay víctimas, son absolutamente necesarias. Es imposible mover a millones de personas en una dirección si no hay muertes. Ocurre en cualquier conflicto, en toda progresión a gran escala. El miedo hace que levantes ese fusil, que dispares esas baterías contra el enemigo, aunque cuando lo hagas solo estés pensando en que salvas tu pellejo. Pueden preguntárselo a cualquier ejercito del mundo. El miedo es uno de los mayores precursores de la humanidad.

Enemigo común

Con todo ello no digo que el conocido virus no exista, sino que ha sido utilizado como precursor. Debían sucederse las muertes, sino quién tomaría en serio una contienda. El enemigo estaba fijado. La guerra podía comenzar. Los gobiernos, ahora sí, unidos bajo una misma bandera, la bandera del capital, podrían aunar sus esfuerzos en pro de la salvación de la humanidad.

La vacuna administrada a nivel mundial sería el motor de la economía durante años, y el hombre atendería a estas razones. La propaganda en los medios de comunicación con muertes diarias se ocuparía del resto. Millones de personas a salvo bajo una inyección cambiarían el destino de nuestra humanidad.

Nuestra distopía

Todo ello podría formar parte de una nueva novela de Orwell. La policía del pensamiento controlando a quien no se vacuna. El Ministerio de la Verdad aleccionando con sus mentiras a millones de personas. La humanidad en masa atendiendo sus preceptos con la sombra del miedo sobre sus cabezas: una gran distopía.

Y como todas las distopías, como subgénero de la ciencia ficción, se cuestionan. Porque son negativas y todo lo negativo no agrada.

Lo que diga la mayoría

El ser humano necesita certidumbres, es un animal grupal con un gran instinto de supervivencia que siempre atenderá a las mayorías fundamentadas por motivaciones poco racionales. Mientras que las minorías son disgregantes, subversivas, contradictorias, elitistas, en definitiva son tratadas como sectas. Suelen acabar aplastadas o ignoradas.

En los últimos tiempos se han tenido en cuenta a nivel político o estatal, pero han demostrado ser perniciosas para los gobernantes que ansían controlar el poder.

Nos mueve el amor y el miedo, el odio y el afecto, la amistad y el rencor. Estamos vivos con estos sentimientos. Todo lo demás, exceptuando la economía, es secundario.

La vacuna del coronavirus es un gran negocio económico y gubernamental. Es la prueba del control de todo un planeta. Es evidente que una pandemia es una gran oportunidad para gobiernos con sistemas democráticos cada vez más debilitados.

Orwell ya lo había dicho

Estamos ante aquellos conceptos que Orwell ideó en 1949: La policía del pensamiento y el ministerio de la verdad. Asuntos que a nadie interesan, pues la humanidad quiere vivir, sentir, amar, progresar. La segunda guerra mundial, la dictadura comunista, el control de la sociedad son parte del pasado, debían de serlo después de tanta destrucción.

Hoy en día ir en contra de la vacunación, negar que el virus tenga carácter pandémico, es tanto como insultar a la raza aria en 1944.

Si lo pensamos un poco, los ciudadanos estamos controlados bajo este proceso. Una tercera dosis será bienvenida, nuevos grupos de población serán vacunados, la maquinaria ya está engrasada. Todo el planeta inoculado con una misma sustancia.

Hace tan solo dos años cualquiera diría que es una locura. Hoy nadie lo cuestiona.

El gran experimento funciona. Pronto estaremos todos en el mismo corral.

Escritor de ciencia ficción con terroríficos acercamientos a la fantasía. Lector en constante búsqueda. Outsider de la realidad explorando mundos paralelos.

Créditos de las imágenes
  • ¿Distopía o realidad? | Awenyr Luna | CC BY 4.0 | Incluye imágenes de Canva Pro

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3 comentarios en «¿Distopía o realidad?»

  1. Muy buen artículo, Santiago. Me gusta
    Yo añadiría que desde una perspectiva psicológica, el gregarismo que sigue a los grandes movimientos sociales a los que los más jóvenes se apuntan, esos grandes grupos a los que si no te unes parece que no existes o que no eres buen ciudadano, como digo, los enrolados en esos proyectos tienen un riesgo enorme de sufrir frustración, decepción¿Están preparados para que el sistema les decepcione? Pensemos en esos soldados que no creían en Hitler que a lo mejor ni siquiera sabían lo que había detrás, pero que murieron por orden de…un sistema que probablemente les uso y les decepcionó.

    Marta, saludos muy conscientes

    Responder
  2. Muy interesante. La propia globalización implica una extensión mayor del dominio de quienes tienen poder de decisión sobre la sociedad. La mayoría nos contentamos con la satisfacción inmediata de nuestras necesidades, al margen del rumbo que tome nuestra historia. Pero, como toda otra especie, la nuestra se irá y el mundo seguirá girando igual.

    Responder
    • Gracias por tus comentarios, Jose Luis.
      Es cierto lo de la globalización. En mi artículo trataba de transmitir un pensamiento alternativo al políticamente correcto.
      Saludos.

      Responder

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