María Ferrer: Procrastinadora

María Ferrer inaugura la sección de "Autores Invitados" con "Yo procrastino, tú procrastinas, todos procrastinamos".
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Tiempo de lectura: 3-6 min

María Ferrer: Procrastinadora

Inauguramos esta nueva sección de Autores Invitados con un relato escrito por María Ferrer en el que habla de procrastinar de una forma directa y divertida. No te pierdas lo que tiene que contarte de su experiencia con una de las costumbres de moda del momento.

YO PROCRASTINO, TÚ PROCRASTINAS, TODOS PROCRASTINAMOS.

Procrastinar es el arte de aplazar una tarea y sustituirla por otra que nos aporte mayor satisfacción.

María Ferrer Payeras

En otras palabras, cuando tenemos que hacer algo que nos apetece poco (o nos asusta, nos estresa, nos consume) encontramos millones de otras ocupaciones en las que entretenernos antes de empezar con lo que “deberíamos estar haciendo”.

Quizás te estás preguntando por qué se me ha ocurrido escribir sobre este tema o quizás, simplemente, te ha llamado la atención la curiosa palabreja que últimamente parece que está en boca de todos.

Si lo que te intriga es lo primero, tranquila, llegaremos a ello (un poco más adelante, eso sí). Si es lo segundo, lo volveré a explicar con un ejemplo, por si no lo he dejado claro más arriba.

Procrastinando en la prehistoria

Cuando yo iba al colegio, allí por el pleistoceno, los dinosaurios se sentaban detrás de la mesa del profesor (sin intención de ofender a nadie, claro). Con la edad he descubierto que todos esos profes que me parecían tan mayores entonces eran más jóvenes que yo hoy por hoy. (¡Sí, muy triste, lo sé!)

Bueno, es esa época del siglo pasado, los pupitres de los coles (o al menos los del mío) ¡se abrían! Es decir: tú tirabas de la tapa/tablero de la mesa y esta se levantaba como el capó de un coche y dentro podías guardar tus cosas (imagínate que guay poder dejar tus libros ahí y no tener que cargar con ellos en la mochila o dejarlos en la taquilla).

A todo esto, ¿Qué te estaba contando? Es que me despisto con facilidad… ¡Ah, sí! Mi relación con la procrastinación.

Un día que yo tenía la tapa del pupitre levantada y la profesora pasaba por detrás de mí, vio una hoja de papel que yo había dibujado y pegado con mimo por la parte interior (que conste que había hecho unas letras preciosas siglos antes de que se pusiera de moda lo del lettering) y la leyó en voz alta:

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Anónimo

Un amor de profe

—Eso, Ferrer, no es algo que me imagine que usted pueda llegar a hacer nunca en la vida, la verdad —dijo, para mi gran escarnio.

Me puse roja como un tomate y después, un poco más tarde, arranqué el papelito con disimulo.

Sí, a la tierna edad de doce años, ya procrastinaba y mucho. Aunque entonces a eso lo llamaban ser perezosa. Supongo que no hace falta decir que “procrastinar” suena mucho mejor, parece que estás haciendo algo con mucho más glamour que holgazanear, ¿verdad?

Y sé, por experiencia que no es algo que me pase a mí solamente. Somos muchos los afectados por este “dejarlo todo para última hora”. He estado buscando en internet y he encontrado varias razones por las que las personas solemos aplazar las tareas hasta último momento.

  1.  Aquello que debemos hacer es una obligación y no un deseo propio. Si aceptamos realizar alguna tarea por agradar, por caerle bien a alguien, para que nos quieran más… Siempre salen millones de cosas más interesantes que hacer. ¿No os pasa? ¿En serio?
  2.  Por perfeccionismo. Si hago algo lo tengo que hacer realmente bien o no me pongo. Bueno, a mí lo cierto es que esto no me pasa tanto. Soy bastante chapucerilla, la verdad.
  3.  Por miedo o inseguridad. Dicen que algunos escritores tienen miedo al éxito. No soy una de ellas, ya os lo digo (tengo miedo a un millón de cosas, pero al éxito y a las alimañas no, mira tú por dónde). Éxito ven a mí y no me abandones, por favor.

La opinión de los expertos

Estas son las tres principales, pero hay más, ¡oh, sí! Aunque no voy a marearos ahora con ellas.

A los que nos gusta leer, siempre nos parece que habrá tiempo para hacer cualquier cosa que tengamos pendiente, después de leer “un capítulo más”. Pondría la mano en el fuego y no me quemaría si apostara que no soy la única. ¿A qué no?

Los expertos piensan que para dejar atrás esta costumbre tan fea lo mejor que podemos hacer es saber por qué aplazamos las tareas para entretenernos en otras labores más placenteras (A mí si me dan a elegir entre leer un rato o hacer la cama, contesto: pues nada, cuando me vaya a dormir ya la estiro un poco, si eso). Vamos, que no te dan una solución, digamos, definitiva.

Todo es cuestión de no entretenerse con una mosca que pasa y preguntarse de dónde vendrá y a dónde “cojines” se dirige.

Es cuestión de marcarse unas metas realizables (en eso también fallo bastante) y darle al “hecho” cuando consigues cumplirlas.

Es cuestión de no compararse con nadie e intentar que lo que hacemos nos guste, que la vida son dos días y si nos entretenemos en todo aquello que nos harta y nos hastía la vamos a pasar amargados. ¡Qué pena! ¿No creéis?

Necesito ayuda

Y tú ¿Procrastinas? ¿O eres de esas que nada más levantarse se pone a hacer todo para tener después la tarde libre?

Cuéntamelo. Y si has descubierto la manera de ponerte al lío y dejar de aplazar lo que no te apetece hacer, cuéntamelo. Necesito ayuda, rápido, a poder ser.

Millones de besos.

María.

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