Ventajas de escribir fantasía

Decidirse por escribir fantasía tiene ciertas ventajas, inherentes a la propia naturaleza de la fantasía. Mundos increíbles, personajes exóticos, criaturas sin paragón...
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En una publi anterior hablamos sobre los problemas de leer fantasía. Pues bien, ha llegado la hora de contaros cuáles son las ventajas de escribir una novela –relato, cuento, historia, loquesea…– de género fantástico. Porque no niego que en los demás géneros también haya ventajas, que las hay, pero seguro que no son tan molonas como las que os voy a contar aquí.

En mis tiempos...

Allá por el 2010 –cerca del Pleistoceno– me licencié en Filología. Imaginaos el percal: yo, una pava de veintitrés años, con un par de títulos universitarios en la mano, sin tener ni idea de nada de la vida en general –excepto de salir de fiesta, eso sí que lo controlaba a tope–. ¿Qué fue lo primero que me dije? “Eviña, siendo filóloga tienes que escribir una novela”. Y hale, me senté delante del ordenador una tarde cualquiera y me puse a teclear. El género lo tenía claro: fantasía. ¿Por qué? Ahora mismo os lo cuento con detalle.

Creación de mundos inimaginables

Tengo mucha imaginación, pero mucha mucha. Tanta, que lo más normal es que estando en clase, por ejemplo, mi mente estuviera viajando por Mesthair. ¿Qué supone esto? Pues que tengo la capacidad de crear un lugar nuevo en décimas de segundo.

Y la fantasía trata de eso: de nuevos escenarios que nunca antes se habían creado. Es un género que nos permite crear continentes nuevos en mundos apartados –fuera, incluso, de nuestra galaxia– sin que nadie nos cuestione. Si en una novela te cuento que los personajes viven en Lisland, que es una isla flotante en medio del Atlántico, no vas a pensar que se me ha ido la cabeza y que “pobriña, denle algo a esta mujer que tan joven y ya desvaría”. No. Lo que harás será imaginarte la isla tal cual te la relato e, incluso, dirás que qué pasada de escenario y que ojalá existiese de verdad.

O si te cuento que en la catedral vieja de Salamanca hay una roca que, tras decir las palabras adecuadas, se abre y te interna en una ciudad alternativa gobernada por los gnomos, lo mismo te acercas un día y pruebas, por si acaso –nunca se sabe–.

Por eso la fantasía mola. Porque te habla de lugares, mundos y escenarios que de otra manera nunca jamás podrías ver. Ni siquiera los imaginarías, porque cada mente, cada autor, tenemos una capacidad diferente, por lo que cada uno describiremos paisajes distintos.

Creación de personajes peculiares

A ver, el término “personajes peculiares” quizá no sea el más acertado. Quien más, quien menos conoce a alguien –me refiero a ser humano– que podría encuadrarse dentro de esta categoría. A lo que me refiero es que, una vez más, como escritores de fantasía podemos inventar criaturas diferentes, con rasgos específicos y, lo que mola más, dotarlas de sentimientos y emociones humanos.

Te pongo un ejemplo. Imagínate que te describo a una criatura de ojos grandes, saltones, de color variado –pueden ser verdes, azules, rosas…–. El cuerpo lo tiene cubierto de pelo, también de cualquier color, pero un pelo suave y denso que no permite verle la piel. Tiene un pico en tonos amarillos, orejas enormes que combinan con el pelo y patitas chiquititas de color naranja. Es un ser adorable, que habla un idioma extraño, pero que de vez en cuando cuela alguna palabra en castellano. Si lo acaricias, ronronea como un gato y cuando duerme, ronca.

Así a lo tonto te he descrito un Furby. ¡Un Furby! ¿Te das cuenta de lo cotidiano que es ahora ese bichejo?

En fin, a lo que iba. A los Furby los crearon para ser adorables y queridos por todos los chiquillos –a mí, personalmente, siempre me dieron un poco de yuyu esos ojos saltones, pero sobre gustos… ya se sabe–. Ahora imagínate que uso esa misma descripción para crear, dentro de mi historia, una criatura con las mismas características, pero que resulta ser desagradable, macabro y un asesino en serie.

Como has podido comprobar, he creado una criatura y la he dotado de las características que yo he querido. Se me viene a la cabeza, además, Gizmo, de los gremlins, ¿te acuerdas? ¿Soy tan vieja que quizá estoy haciendo referencia a cosas demasiado antiguas? Prefiero no saberlo… El problema con Gizmo era que, si lo mojabas, le dabas de comer pasada la medianoche o le daba la luz del sol, podían pasar cosas terribles. Eso es lo que ocurre en la fantasía: un ser adorable puede convertirse en horroroso si al autor le da la gana.

Explicaciones aparentemente ilógicas

Una de las grandes ventajas de la fantasía es que todo tiene una explicación que puede ser o no científica. Las leyes de la ciencia en este género nos las pasamos por donde yo os diga. ¿Qué quiero decir con esto? Veamos un ejemplo.

Imagínate que tengo a mi protagonista metido en un lío de tres pares de narices, a punto de palmarla si no encuentra la manera de aprender a usar un arma. Pues yo, que soy escritora de fantasía, le he explicado a mis lectores que en el mundo en el que vive este prota se pueden adquirir conocimientos mediante el consumo de unas píldoras determinadas. Las grises, en concreto, tienen que ver con el uso de armas. Pues mi prota rebusca en los bolsillos y encuentra una. Se la traga y, hale, a luchar.

Esto en una novela histórica, por ejemplo, no es posible. Si el prota no sabe usar la espada, tendrá que aprender, mediante un proceso largo y tedioso, a usarla. En un thriller, el policía no puede descubrir quién es el asesino por ciencia infusa. Tendrá que realizar una investigación y, tras el análisis de unas pruebas, lo encontrará.

Ojo, con esto no quiero decir que como escritor de fantasía tengas licencia para hacer lo que te de la gana. No, mi niño, filtra. Si yo no hubiera explicado a mis lectores el tema de las píldoras con anterioridad, la escena no tendría sustento y perdería todo el sentido.

Crear cualquier cosa que, de otra manera, sería imposible

La fantasía no es más que eso: fantasía, ideas que surgen en la imaginación del lector y que las plasma sobre un libro para hacer que el lector viaje. Gracias a la fantasía se pueden construir castillos que flotan en el aire, criaturas que hablan bajo el agua, armas venenosas que surgen de la nada solo con que el prota las imagine… Lo bueno de la fantasía es que no tiene límites. 

Bueno, sí, el límite principal es aquel que se impone el autor o que la mente le impone al mismo. Es decir, si tu cabeza no te permite crear este tipo de realidades, quizá debas plantearte escribir otro género. No porque no seas capaz de crear historias, por supuesto, si no porque quizá el mundo se está perdiendo un gran escritor de romántica que pretende escribir fantasía cuando su mente le está diciendo que no.

¿Y que sacamos de todo esto?

Mi reflexión final, a modo de conclusión o de debate, es preguntaros: ¿creéis que todos los autores están capacitados para escribir cualquier género? Ea, a pensar, que yo ya he escrito todo este tochaco. Ahora os toca a vosotros.

Filóloga y escritora. El 99% de su tiempo lo pasa en Mesthair (es decir, en Los Mundos de Yupi), lugar en el que se inspira para sus novelas. Odia las faltas de ortografía y ama el chocolate por encima de todas las cosas.

Créditos de las imágenes

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2 comentarios en «Ventajas de escribir fantasía»

  1. Muchas gracias por el artículo, Eva.
    La fantasía es un género que llama a mi puerta de vez en cuando, pero no he tenido la capacidad o tal vez la paciencia de dejarme llevar por esos mundos. Tengo sobre mi mesa una novela que se titula La lucha de Suevia…
    Un abrazo.

    Responder
    • Me han hablado muy bien de esa novela 🤭
      Gracias por pasarte, Santi. Nunca se sabe: puede que algún día la fantasía te atrape y ya no te suelte 😊

      Responder

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