Samahin

El Samhain es un fiesta que, hasta hace poco, era desconocida, pero es el origen de lo que conocemos como Halloween. Y viene de más cerca de lo que te imaginas...
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Nunca me gustó demasiado la fiesta de Halloween. Y no por el hecho de pasar miedo y esas cosas ―yo paso miedo incluso lavándome los dientes. Soy así de valiente. No necesito una fiesta del terror―. Es solo que no soy mucho de disfrazarme. Y si encima hay que salir disfrazada por la noche, cuando aquí en Galicia por estas fechas hace un frío del carallo (o debería), menos me convence, la verdad.

Sin embargo, cuando empezó el auge del Samhain (o Samaín como lo llamamos aquí), la cosa ya me hizo más gracia. Porque esta noche no se trata de disfrazarse de cosas chungas y meter miedo. No. Esta fiesta tiene un significado mucho más bonito, vinculado a la naturaleza, a la renovación.

Un rollo mucho más espiritual y fantasioso. Así como yo.

Los celtas

Veamos. Esta celebración tiene su origen allá por los celtas. Sí, sí, esos pueblos que construían sus casa con forma redonda. Que una cosa os digo: eran unos avanzados a su tiempo. ¡Cuánto mejor limpiaría la Roomba nuestras casas si no nos empeñáramos en hacerlas con esquinas! Pero fíjate tú, los celtas ya sabían lo que se venía encima.

El Samhain

En fin, a lo que iba. Esta fiesta marcaba el final del verano y el inicio del invierno. El entretiempo es un invento contemporáneo, como puedes ver. Cosas del calentamiento global. También era la manera de dividir el año, ya que la cultura celta lo dividía en la época luminosa ―el verano― y la época oscura ―que puede sonar a que Sauron se hizo con el anillo, pero no, se refiere al invierno―. Para ellos, esta última era una época de recolección y de recogida ―incluso de recogida interior, de introspección, de ahí el sentido espiritual que os mencionaba antes―.

Podría contaros mil cosas más sobre las tradiciones y blablablá, pero El portal de Mesthair habla de fantasía, así que lo mismo te estás preguntando que a qué viene esto si podrías encontrarlo en cualquier web de historia. Vale, vale. Ya me centro. Te diré que Samhain tiene mucho de fantasía y de magia. Empezando por los druidas.

Los druidas

¿Quiénes eran estos señores? Los magos y los brujos que convivían en el poblado con el resto de la gente. No, los celtas no quemaban a los druidas en hogueras, ejem, ejem. Al contrario. Estas personas eran respetadas y veneradas. Los druidas eran los chamanes que se encargaban de la magia y la adivinación. De hecho, su opinión y sus ideas siempre se tenían en cuenta a la hora de la toma de decisiones.

¿Qué tienen que ver los druidas, el Samhain y la fantasía? Ahora viene lo bueno: los druidas eran los que se encargaban de llevar a cabo los rituales de esta fecha tan señalada. Rituales, es decir, magia. Para ello, usaban, por ejemplo, bayas de muérdago para crear pócimas y ungüentos. No sé vosotros, pero yo me imagino a un druida anciano, de larga barba blanca, frente a un caldero negro del que salen burbujas chispeantes. No sé, pensadlo.

Además, precedían cuál sería el estado de las cosechas, por eso se les hacía caso: porque el pueblo vivía de la cosecha, así que si el druida decía que la cosa pintaba mal, se ponían las pilas para solucionarlo.

Por otro lado, los druidas recogían troncos, ramas y hojas y con ellas encendían hogueras que repartían por puntos estratégicos del poblado en el que vivían. Estas llamas tenían la función de ahuyentar a los malos espíritus. Esto de encender hogueras permaneció como tradición ―al menos aquí en Galicia― donde las casas mantenían un fuego encendido durante toda la noche con la misma función.

¿Qué más? Los druidas animaban a la gente del pueblo a vestirse con pieles de animales ―¡oh, que coincidencia: parecían disfraces!― para cumplir esa misma función de espantar almas en pena. A esto no le encuentro mucho sentido, la verdad. Dejaban en muy mal lugar a los espíritus si daban a entender que no serían capaces de distinguir entre un oso de verdad y un humano bajo la piel del animal. En fin, yo si fuera un espíritu me ofendería y arrasaría con la aldea, pero aquí ya cada uno con sus cosas.

Las calaveras

Con la siguiente tradición, me alejo un poco de la fantasía y me acerco al terror ―espero que mis compis me lo permitan―. En la entrada a los castros, esas aldeas de casas redondas tan típicas de los celtas, ponían calaveras que iluminaban con velas en el interior ―esto se parece, sospechosamente, a las calabazas actuales―. 

Ojo, no eran calaveras de parientes ni nada de eso ―no me imagino a los celtas desenterrando a la abuela para ponerla como elemento decorativo―, sino que usaban las calaveras de los enemigos. Quiero entender que a los enemigos o no los enterraban o lo hacían en un lugar diferente a la familia, si no, ya me diréis cómo distinguían unos de otros. A saber cuántas calaveras de cuñados muertos habrán usado con la excusa de “no, es de un enemigo”.

Las hadas

Ahora dejemos a los druidas un rato, que ya bastante chicha nos han aportado, y hablemos de hadas.

No sé si sabéis que Samhain es esa fecha en que todos los mundos tienen las puertas abiertas: los vivos, los muertos, los reales, los mágicos… Podemos ir de un lugar a otro sin temor ―esto ya depende de la valentía de cada uno―, porque esta noche es así.

Pues bien, las hadas suelen aparecerse en nuestro mundo de vivos. De hecho, se dice que si pones en la ventaba hojas de albahaca y romero ―ojo, he dicho hojas. No te pongas a espolvorear las especias como un loco porque no cuela―, las hadas se acercarán al alféizar. Se dice, además, que puede que no las veas, pero que sentirás el aleteo cuando ellas llegan.

Por otro lado, si eres hombre y estás soltero, se dice que en este día las hadas son capaces de materializarse y aparecer con un cuerpo humano. De este modo, pueden buscar un marido mortal. No sé vosotros, pero yo a las hadas me las imagino to buenorras, así que lo mismo hasta yo me planteo liarme con una.

Una noche mágica

Como has podido comprobar, Samhain es una noche con mucha magia y mucha fantasía. Una lástima que llegara el cristianismo y lo hiciera desaparecer. Sin embargo, poco a poco surge de nuevo, así que te animo encarecidamente a que lo celebres. Ya sea invocando a las hadas o encendiendo hogueras ―ojo con quemar la casa―. Yo no me animaría a lo de iluminar calaveras, por eso de que exhumar cadáveres es ilegal, pero bueno, ahí cada uno con sus tradiciones.

¿Y tú? ¿Cómo vas a celebrar este Samhain?

Filóloga y escritora. El 99% de su tiempo lo pasa en Mesthair (es decir, en Los Mundos de Yupi), lugar en el que se inspira para sus novelas. Odia las faltas de ortografía y ama el chocolate por encima de todas las cosas.

Créditos de las imágenes
  • Samhain | Awenyr Luna | CC BY 4.0
  • Hada sexy | Goran V. Frosty | CC BY 4.0 | Incluye imágenes de Canva Pro
  • Celtic skull | Goran V. Frosty | CC BY 4.0 | Incluye imágenes de Canva Pro

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5 comentarios en «Samahin»

  1. Me encantó tu forma de escribir, muy fresca! yo espero con mucha alegría el Samhain , eso de que el velo entre lo espiritual y lo físico se hace delgado me hace conectar demasiado con la magia. Y GRAN LOGRO que esta tradición siga viva pese al cristianismo!! yeiii

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  2. Eva, Muy divertido el artículo. Enhorabuena. Estoy preparando las hojas de albahaca. No existen las hadas feas y quién sabe…
    Ahora más en serio: tampoco esta fiesta me gustaba mucho, pero lo de la renovación es muy atrayente.
    ¡¡A quemar todo lo malo!!

    Responder
    • Jajajajajaja… Claro que sí. Si no fuera por los que mantenéis las tradiciones, se perderían. Yo prefiero llamas a las hadas desde el calorcito de casa 😊😊

      Responder

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